A veces no lo puedo evitar y me pregunto: Dios mío… ¿Existirá la vida inteligente? (17-03-2017)

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Ya sabéis, al menos los encamion@utas más fieles, que este extraño oficio de periodista especialista en transporte y vehículo industrial se compone de dos fases, por así decirlo. En una viajas tanto o más que cualquiera de vosotros, persiguiendo a los protagonistas de los próximos artículos que vas a escribir y en la siguiente fase te reconviertes en algo así como un anacoreta 2.0 pegado al teclado de un ordenador y una conexión a internet. En esa segunda fase no es que se viaje menos, sinó que si te despistas te pasas todo el día dándole a la tecla y apenas si te importa que hay más allá de la ventana del despacho.

En esas semanas de trabajo de oficina este autónomo disfruta de esa falsa libertad que da el teletrabajo deslocalizado online, es decir, que se trabaja desde casa y ello te permite desayunar con algo más de tranquilidad, viendo la tele y por tanto informándose de la actualidad del país… Si, bueno, que se le va a hacer, de este puñetero país que nos ha tocado padecer. Porque lo cierto es que durante las últimas semanas a menudo he sentido unas repentinas tendencias a lanzar el croissant y el tazón de café contra la pantalla. Debo decir que ni el café ni la bollería tenían nada malo y que naturalmente prefiero no destruir el televisor de casa y todo lo que ello conllevaría. Pero, la verdad… No haré más que nombrar algunas noticias que tienen que ver con nuestro sector y que me hacen plantearme la terrible duda con la titulaba esta entrada del blog.

Viendo a nuestros parlamentarios en acción me pregunto: ¿existirá la vida inteligente?

En el Bierzo, una de las pocas comarcas mineras que siguen activas en el país, junto a otras de Andalucía y Catalunya, cada vez que a un minero del carbón se le inflaman las gónadas viendo su empresa inactiva y a las térmicas quemando carbón comprado quien sabe si en Suráfrica o cualquier otro país con menores precios, en lugar de poner a parir al ministro del ramo se le ocurre salir a tirarle pedradas al sufrido camionero, normalmente asturiano o gallego porque sus vecinos leoneses ya saben como las gastan y prefieren dedicar sus remolques bañera a usos más traquilos como el cereal o la remolacha, que carga el carbón desde el puerto a la central térmica. Otro tanto parecido sucede cuando soplan aires de precampaña electoral en nuestro querido país vecino del Noreste… Si, Francia. Ya sabéis un par de dircursos patrióticos de una tal Lepen y poco tardará alguna horda de supuestos agricultores en esparcir sobre el asfalto de las autoroutes, ese mismo que en gran medida han pagado los transportistas españoles con sus peajes, vino o fruta de origen español. De vez en cuando alguna nota del gobierno español recuerda vagamente a una protesta, pero la verdad, cualquiera de vosotros sabe que si se ve envuelto en uno de esos desagradables «saraos» lo último que te va a pasar es que alguien, incluidos «les monsieurs gendarmes» te proteja. Y, bueno, me dejaba lo mejor para el final… Sí, naturalmente me refiero a ese esforzadísimo colectivo de sufridos trabajadores sometidos a unas terribles condiciones. Naturalmente ellos son los estibadores portuarios, protagonistas de una «no huelga» que alarga hasta la eternidad las colas de camiones en las terminales portuarias de todo el país, sin que estos otros sufridos trabajadores, los conductores de camión, parezca que logren inquietar a mucha gente, la verdad. Es entonces, cuando alzo la vista y a algún despistado podría recordar a ese exitoso periodista de los temas de misterio, Iker Jiménez, preguntándome en voz alta. ¿Existirá la vida inteligente? Pero que nadie se equivoque. No me pregunto si existirá en algún otro recóndito lugar del universo. Ni siquiera si los delfines o cualquier otra especie animal cuenta con la inteligencia necesaria para comunicarse. En este aspecto debo decir que conocí a una perra Boxer que contaba con niveles sobrados de inteligencia por ejemplo, para expresarte clara e inequívocamente que era lo que ella consideraba una buena comida. No, yo no necesito ir tan lejos para preguntarme si existe la vida inteligente. De hecho la última vez que me lo pregunté fue viendo esa televisión del comedor que espero no terminar destrozando. En la pantalla se veía el parlamento. Unos energúmenos aplaudían como si su equipo de fútbol hubiese ganado algo, otros, los del gobierno, ponían la típica cara de mal estudiante que ha esperado al ultimísimo minuto para estudiar un examen. Mientras, otros más no se sabía ni que cara ponían… Podría seguir, pero a estas alturas el arco parlamentario nacional no se merece tal cantidad de mi tiempo. Eso sí, queda claro, que de los problemas que unas líneas más arriba os hablaba a sus señorías ni uno solo de ellos les importa lo más mínimo. De otro modo no jugarían con parar la economía real del país, hundir todavía más el transporte y encima someternos a una multa diaria de más de 130.000 euros, que pagaremos entre todos, no a escote entre los inúltiles politicastros que siguen sin solucionar problemas tan evidentes como éste. Y es en esos momentos cuando me pregunto absolutamente en serio: ¿EXISTIRÁ EN ALGÚN LUGAR LA VIDA INTELIGENTE? Espero respuesta.