Los truckers de Florida en época de huracanes

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Faye, Gustav y Hanna recorren la 95

En algunos climas como el tropical, propio de zonas como el cálido y caribeño estado de Florida el mes de agosto no es sinónimo de sol sinó más bien del inicio de la peligrosa y puntual estación de huracanes. De repente, tras de un nubarrón se desencadena un vendaval acompañado por un auténtico diluvio, las unidades móviles de los noticieros empiezan a correr sin cesar y toda la fuerza de la naturaleza se desata sobre quien haya tenido la mala idea de cruzarse en su camino. Por: Joan Garriga

La ruta 95 queda inundada en cuanto aparecen los huracanes.

 

 

Mientras me adaptaba a la conducción del compacto chevy que me habían proporcionado los empleados de la Budget, recorría la freeway 95 en dirección norte, mientras a medida que necesitaba incrementar la velocidad del limpiaparabrisas me venían a la mente las optimistas palabras del azafato de Iberia que tenía sentado frente a mí unas horas antes, mientras el Airbus A340 aterrizaba en el aeropuerto internacional de Miami:”Apenas se movió esto un poco, parece que esquivamos a Fay.”

 

Con los vientos y la lluvia llega la pésima visibilidad, como muestra este Kenworth T200.

 

Fay, algún gracioso en el control meteorológico de Estados Unidos decidió que ese iba a ser el nombrecito de la primera tormenta tropical de la temporada, que se acercaba desde el Caribe, después de azotar y cobrarse su tributo en víctimas mortales en algunos de los países más pobres del planeta, descargando ya aguaceros de récord en diversos condados del Estado de Florida. Desde luego parece que se iba a poner a prueba la capacidad de la red viaria de Florida. La radio no cesaba de repetir mensajes de alerta y poco a poco la freeway de seis carriles en dirección norte iba quedando casi vacía. Los automovilistas hacían caso de los consejos que indicaban que lo más razonable era quedarse en casa. Siempre y cuando no se viviera en uno de los condados que se aconsejaba evacuar por que iban a sufrir inundaciones en las próximas horas. En fin, que sólo faltaba Noé en su Arca para acabar de ambientar la situación, a juzgar por lo que decían los tipos de las noticias.

Los camioneros más optimistas tratan de dejar atrás el temporal.

En cualquier lugar todas las miradas están pendientes de los informativos meterológicos.

 

 

Pues si es urgente…

 

En una situación así lo más conveniente resulta parar en una cafetería, hacer lo que todo el mundo, es decir, mirar al tipo de la tele que nos explica donde va a caer el diluvio universal y luego buscar en el mapa la dirección opuesta a dichas inundaciones. Lástima que por un lado la tormenta Fay, por otro el huracán Gustav que amenaza la costa oeste y la Luisiana, de nuevo New Orleans bajo peligro… En fin que no tendremos más remedio que mojarnos un poquito tomemos la dirección que tomemos. Después de todo no es más que agua, aunque siempre conviene hablar con la gente que más sabe de esto de conducir en plena época de huracanes.

Pese a los problemas meteorológicos este Ford Louisville asegura la distribución de cerveza Bud.

 

“Sí, bueno, es lo mismo cada año. Empiezan las tormentas tropicales y siempre algún huracán te acaba tocando. Sobretodo lo importante es conducir con calma y si puedes no abandonar las freeways que casi nunca se inundan. Porque lo cierto es que aquí en Florida el terreno es muy llano hay grandes lagos y muchos ríos, de modo que si vas por rutas locales es muy fácil que una inundación te corte el paso y te puedes quedar atascado incluso varios días.” Quien así se expresa, con toda la calma del mundo es un veterano camionero que se dedica al transporte portuario entre Savannah y Miami.

 Junto a su Freightliner azul pillamos a Tom, un veterano con 34 años de oficio que vive en la ciudad de Spartansburg. Eso sí, mientras se informa telefónicamente acerca de si puede o no acudir a enganchar su próximo remolque Tom nos advierte: Si sigues hacia el norte ten cuidado con el puente so

Tom en su ruta entre Savannah y Miami aplica la prudencia frente a los huracanes.

bre el puerto de Savannah. No conviene arriesgarse a cruzarlo con fuerte viento.”

 

Y es que por lo visto el sólido puente colgante que cruza a gran altura el puerto fluvial que marca la frontera entre Carolina del Sur y Georgia, unos centenares de millas más al norte siguiendo la ruta 95, se puede convertir en una auténtica pista de baile cuando la lluvia y los vientos de más 60 millas por hora lo azotan. Nos lo remarca Tom mientras se sienta al volante dispuesto a tomar su próxmo cargamento.

 

Navegando por la freeway

 

Sin ninguna intención de abandonar la seguridad que nos da la autopista, la freeway como la llaman en los USA, seguimos hacia el norte, observando como el agua se va adueñando de las cunetas y como en algunas gasolineras resultaría más sencillo navegar en una zodiac que no estacionar un vehículo de ruedas. Por fin una zona donde la lluvia todavía no ha azotado con especial dureza nos permite descansar y allí encotramos a Mike en su tractor amarillo. Un veterano Freightliner que arrastra una plataforma.

Lo más prudente y práctico resulta esperar en un aparcamiento a que las tormentas e inundaciones cesen.

Viene de la frontera canadiense, de modo que en este viajecito ha recorrido ya sus buenas 3.000 millas y está bastante lejos de su casa en Chicago:”Paré aquí porque las 300 millas que me quedan hasta Miami deben estar casi inundadas y pensé que mejor descanso y ya veré mañana si puedo o no llegar al punto de descarga. Con el mal tiempo lo mejor es actuar con calma. Conducir con cuidado y no dejar que el cansancio te haga cometer un error que puede costarte muchos dólares.”

 

 

Mike se ha detenido llegando a Florida, desde el lejano Canadá.

 

Hablando así queda claro que Mike es un autónomo, que se costea todos los gastos del Freightliner y que no piensa jugársela bajo la lluvia torrencial más de lo imprescindible. Pese al cansancio que lleva encima y la climatología el bueno de Mike no puede evitar sentirse de buen humor:” Vi en el anuncio de la gasolinera que el gasoil vuelve a estar a cuatro dólares el galón. Ha bajado desde la última vez. Eso es bueno para nosotros, por fin.” Lo cierto es que ese precio, considerado todavía alto para lo usual en USA no es ni la mitad de lo que pagamos en Europa, Mike ni se imagina lo que sería trabajar pagando el gasóleo al doble de precio: “Hago unas 100.000 millas anuales, eso me sirve para ganarme la vida, poco más. Cuido mi camión, que tiene bastantes años, pero es muy sólido. Además estoy muy orgulloso de las puertas que se abren hacia atrás, me las adaptó mi hijo y así resulta más cómodo entrar y salir de la cabina.”

El veterano Freightliner tiene algún detalle tuning, como las puertas de apertura hacia atrás.

 

Dejamos a Mike y su veterana montura, mientras aprovechamos un claro en el cielo para avanzar unas millas sobre el húmedo cemento de la autopista. Algunos coches accidentados y camiones de bomberos que acuden a puntos inundados, nos recuerdan cual es el poder de la madre naturaleza, mientras conducimos alegres de no encontrarnos un poco más al este, en New Orleans, a juzgar por lo que la radio explica. Estamos en el Caribe y un año más la época de huracanes ha iniciado su estrepitosa marcha.

En cuanto mejora el tiempo los equipos de emergencias toman las carreteras.

El rastro de la tormenta se sigue por los daños que ocasiona, también entre los conductores de la I95.

La espera se lleva mejor disfrutando de TV por satélite en el camión.

 

 

Florida un estado interplanetario

 

La Florida es un estado peculiar dentro de los USA por diversos factores. Cuenta con la población fundada por colonizadores españoles más antigua de Norteamérica, Pensacola en 1559, antes de su independencia estuvo bajo dominio español y francés. Miami se ha convertido en una urbe inmensa, llena de lujos y capital de la Cuba continental, pero sobre todo es uno de los pocos lugares del planeta donde existe un puerto espacial en activo desde hace más de cuarenta años.

Muy cerquita de la I95 en Florida encontramos Cabo Cañaveral.

El Space Shuttle es ahora una atracción para turistas en Cabo Cañaveral.

 

 No en vano desde las instalaciones del Kennedy’s Space Center de Cabo Cañaveral partió la primera misión Apolo que en 1969 alcanzaba la luna y permitía al ser humano poner su pie en un astro distinto a nuestro planeta. Después las lanzaderas espaciales han mantenido en activo el lugar con sus misiones periódicas y aunque el presente no es tan glorioso como la época de los Apolo si que nos encontramos ante unas instalaciones que permiten a la NASA mantener una gran actividad y lanzar misiones de investigación a lugares como el planeta Marte.

Junto a la carretera descubrimos el tamaño descomunal de los cohetes de la lanzadera espacial.